No hay género de injusticia peor que la de quienes en el preciso momento en que están engañando simulan ser hombres de bien.
(I, 13, 41)
"En las Galias los campesinos hablaban aun celta; en el norte de áfrica, púnico y libio; en Asia menor, antiguos dialectos como liconio, el frigio y el capadocio; y en Siria, el arameo y el siríaco." (p. 29)
"(...) durante las emergencias públicas, tales como las revoluciones y epidemias, la clerecía cristiana se mostraba como el único grupo unido en la ciudad capaz de preocuparse del sepelio de los muertos y organizar distribuciones de alimentos. En Roma, hacia el 250, la Iglesia sustentaba a mil quinientos pobres y viudas. Las comunidades de Roma y Cartago pudieron enviar gran cantidad de dinero a África y Capadocia para rescatar a los cautivos cristianos después de las incursiones bárbaras del 254-256. Dos generaciones antes, y enfrentando a problemas similares después de una invasión, el Estado romano se había lavado las manos respecto a los provinciales más pobres: los juristas declararon que incluso los ciudadanos romanos debían permanecer como esclavos de los individuos que los rescataron de los bárbaros. Formulado sencillamente: hacia el 250, hacerse cristiano garantizaba una protección mayor de los correligionarios que el ser civis romanus." (p. 74)
"La llegada de los árabes cortó simplemente los últimos hilos que habían ligado a los provinciales del próximo oriente con el imperio romano. En el imperio árabe nadie era 'ciudadano' en el sentido clásico. Ello significaba la victoria final de la idea de comunidad religiosa sobre la concepción clásica del Estado. Los musulmanes eran esclavos de Alá, y los demás dhimmis, es decir, grupos protegidos definidos cabalmente en términos de sus fidelidades religiosas. (...) El mundo antiguo había muerto en la imaginación de los habitantes del Mediterráneo oriental." (pp. 177-178)
A esta oxidación natural de los cuerpos históricos que son los imperios ayudó algo que hoy, oh sorpresa, no podemos imaginarnos: una élite política incompetente. En el mejor de los casos, resultaba incapaz; rapaz, en el peor. Las cabezas más importantes de occidente fueron torpes a la hora de absorber a los bárbaros extranjeros. ¿No nos suena de algo esto? "Corsi e recorsi", que dijera un hombre de inteligencia. El imperio oriental, mucho más sagaz, supo integrarlos en la vida social y política, con lo que consiguió andar por las arenas de la historia por mil años más, hasta 1453. No pocos abandonaron el duro y podrido suelo de la administración imperial de los siglos III-VI para refugiarse en las instituciones eclesiásticas y comenzar la conservación del mundo antigüo. Ejemplo notable es el de Casiodoro, noble romano ocupado en las tareas públicas, que sufrió una conversión que le llevó a fundar un gran convento llamado Vivarium donde se hicieron muchas traducciones al latín, y cuyo conjunto de escritos conformaría una de las grandes bibliotecas de antigüedad tardía. Los conventos se convirtieron, virtual y efectivamente, en las incubadoras de la cultura, pues en los siglos de inseguridad, de invasiones y guerras civiles nadie conjugaba la vida activa y la contemplativa. Los hombres de vida retirada y hábitos fueron los custodios firmes del saber. Ausonio, San Agustín, San Ambrosio son los nombres que dan brillo al último estallido de literatura latina de calidad. De sus manos vienen obras que todavía esculpen emociones en quienes leen sus obras, pues son de calidad perenne. Esta clase de hombres es la que está retratada en la portada del libro, en forma de varón desconocido, que suponemos culto, empleando sus días en el ejercicio de la literatura, en el estudio de la teología y otros saberes, pero con una mirada sin brillo, minada de ilusión. Cansados del mundo renuncian al mundo. Ese tipo hombre es arquetipo, según Brown, de parte de las clases altas en la sociedad romana en sus últimos siglos. "El combate entre Garidaina y Bajac había sido el enfrentamiento entre la gracia y la fealdad, entre la agilidad y la fuerza, entre la brutalidad y a inteligencia; la lucha entre el portador y el caudillo fue entre el bien y el mal, entre la luz y la sombra, entre el futuro y el pasado". (p. 219)
"Las reticencias de nuestra época respecto de la moral son en primer lugar de vocabulario. El bien, el mal, la culpa... ¡Todo eso parece tan anticuado! Y muchos creen haber resuelto el problema porque han renunciado a las palabras que servían en otro tiempo para plantearlo. Según ellos la virtud es una lengua muerta"
"Me contento con ver muchos libros ante mí. El rey Ptolomeo se procuró todos los libros del mundo y consideró esto un gran tesoro; mas no encontró la doctrina verdadera ni pudo instruirse con ella."(La nave de los necios, p. 95)
"En la política, en la profesión, en la vida, en el amor, todos nos hacemos una imagen interior del joven malvado, a los diecisiete años, y los underground adolescentes de hoy no son sino la colectivización y la democratización, debidamente programada por los grandes almacenes y las casas de disco, de un satanismo muy caro a la juventud de todos los tiempos. En nuestro siglo de oro (y de sangre) se iban a los tercios de Flandes. En el romanticismo bebían vinagre o se pegaban un pistoletazo ante el espejo. En los años felices de entreguerras se hundieron en el irracionalismo surrealista y hoy son hippies, beats, underground. Toda juventud necesita una épica, y depende del momento histórico el que esa épica sea política, social, literaria o aventurera." (Mis paraísos artificiales, p. 146)
"La novela es todo menos invención, contra lo que parece superficialmente. Y no solo se tiene algo que contar, sino que ese algo tiene ya una pátina, un lima, un valor literario que sólo le da el tiempo al vino de la vida. Dice mi querido Delibes que la novela es 'un hombre, una pasión, un paisaje'. A mi me sobran el hombre y la pasión. Me basta con el paisaje." (Ibíd., p.179)
"Decía el filosofo Jorge Santayana que vivimos dramáticamente en un mundo que no es dramático. Sí, es cierto, porque el drama lo ponemos nosotros, porque la naturaleza se burla, desde su fondo neutro de nuestra agitación febril y peripatética" (Ibíd., p. 136)
"Espantada de los sueños, la humanidad persigue realidades encarnizadas, crear sistemas, religiones, dogmas, ciudades, leyes, hasta que, abrumada de realidad, se hunde de nuevo en los abismos cálidos del sueño, y de ellos obtiene músicas, luces, secretos, colores, historias, amor. Actualmente, la humanidad quiere dormir. La psicodelia, la droga, el sexo, el arte irracionalista, cierta música, los barbitúricos y el orientalismo no son sino la gran cabezada de una cultura que se ha quedado traspuesta, la siesta del fauno occidental." (Ibíd., p. 119)
"Lo que se piensa contra la Iglesia, si no se piensa desde la Iglesia, carece de interés"