domingo, 11 de noviembre de 2012

La corona de hierba

Por fin puedo decir que he terminado este magnífico libro. Me ha llevado casi un mes leerlo. En parte por el tamaño del libro y en parte por mi incapacidad de centrarme en un solo libro . Tengo que reconocerlo: me puede el vicio de llevar varios libros empezados. En cualquier caso me ha resultado muy grata esta lectura. Hay libros de los que decimos que son cortos y nos gustan; hay otros que a pesar de su extensión "se nos hacen cortos". La corona de hierva me ha parecido de estos últimos. Tiene una extensión considerable con sus más de 800 páginas esta novela histórica. Cuando alguien haya leído "novela histórica" y sea un lector asiduo de novela histórica se preguntará de forma automática: "¿es fiel a los hechos? No soy el más indicado para responder a esa pregunta. Pero hasta donde yo se (que es poco) esta novela se ciñe a lo que sucedió por aquel período de decadencia de la república romana. De todas formas aunque no fuera completamente fiel a los hechos no me importaría. Sinceramente, me incomoda ligeramente cuando un historiador dice indignado acerca de una película o de un libro de ambientación histórica "no es fiel. Es especulación". Parece que estas obras se estén metiendo en el terreno del historiador y este tenga el deber de erigirse en juez para lanzar una sentencia severa. Algo parecido creo que pasó con Yo, Claudio cuando alguno dijeron que no era más que una actualización de la obra de Suetonio. Para ser breve solo diré que no soy de los que exige una fidelidad completa. Creo que hay que dar alas a la imaginación, pero si además de dárselas, el escritor es capaz de contarnos las cosas tal cual fueron con un buen estilo, mejor todavía.



   En el caso de este libro como he dicho creo que no hay que preocuparse de su exactitud. Se nota que hay un trabajo de investigación detrás del libro. Este libro parece tan exacto como el primero (y como seguramente serán el resto de libros de la saga). En efecto, la saga de McCullough es una serie muy instructiva que sirve para hacernos aprender, a la vez que nos divierte, emociona y entristece. Ya el primer tomo era muy bueno, pero creo que en este se McCullough se ha superado. Los personajes nuevos y viejos nos siguen sirviendo como hilo conductor para ver los cambios que van llegando a la gran urbe de Roma. En el primer libro encontrábamos a un empobrecido Sila que buscaba desesperadamente una solución para intentar llegar acceder al senado y consolidarse como senador. Su encuentro con Cayo Mario, un gran militar de aquella época, le da acceso a un puesto en el ejército. De hecho, durante los próximas años estará junto a él, combate tras combate. Primero contra Yugurta, rey de Numidia; más tarde contra los germanos que pretendieron conquistar Italia y Roma. Hasta ahora solo hemos visto la cara pública de este aristócrata. Sin embargo, esconde un rostro oscuro que se muestra en una sexualidad ambigua y una personalidad imponente y autoritaria. En este segundo libro sigue mostrando ese aspecto de hombre que no duda en escoger los métodos más cuestionables para alcanzar lo que quiere. Sin duda ha llegado su momento: la guerra contra los antiguos aliados italianos le va a reportar el prestigio y los aliados suficientes para obtener el consulado. Es aquí, siendo ya cónsul, cuando los recelos que tenía contra su antiguo amigo, Cayo Mario, se convierten en un auténtico conflicto. ¿Cómo es posible que antiguos amigos y familiares se confronten en una guerra civil? Gran parte de la respuesta se haya en los cambios que experimenta Mario durante la novela.


  Una vez a Mario se le dijo que seria cónsul siete veces. Seis veces lo ha sido, pero la duda le reconcome: ¿cuándo volverá a ser cónsul? El vaticinio todavía no se ha cumplido y no ve la oportunidad de que se cumpla: Roma y el Mediterráneo es un remanso de paz. Gracias a sus victorias hace unos años Numidia vuelve a ser un estado satélite que no da problemas y ya no hay ninguna situación que pueda poner en riesgo a Roma para que esta le designe el control de sus ejércitos. Comienza entonces a cambiar su personalidad y el hombre honesto y bonachón pasa a ser un taimado intrigante que pretende llegar al poder sin importar los medios. Esto unido a los ataques de su enfermedad le provoca cierta senilidad, aunque esta no le impedirá ansiar liderar una guerra. Mediante el Senado no puede conseguir un nuevo consulado. Necesita por tanto una guerra que le atraiga fama e influencia. Cuando se produce la guerra contra los itálicos ve su oportunidad, pero un suceso imprevisto le hará tener que dejar la vida militar durante un tiempo. Más tarde verá otra oportunidad en oriente y a fin de obtener el mando disputará el poder a Sila, produciéndose un escenario escabroso. Con sobornos pretende controlar la asamblea de la plebe para darle un golpe al senado y obtener el imperium (poder, legitimidad) para llevar la guerra contra el ponto.



 Mientras se desarrollan los sucesos de esta guerra civil entre Roma y los italianos un joven rey oriental ansía poner poner en jaque a Roma. Ese rey es Mitrídates del Ponto, joven ambicioso y fuerte que desaprueba la constante intervención de Roma en los asuntos de oriente. Los reinos de oriente se han convertido casi en estados satélite de Roma y esta maneja sus intereses en la región. Su poder es tal que, décadas antes de los hechos que cuenta el libro, cuando el rey del imperio seléucida estaba conquistando Egipto Roma le envía un emisario. Popilio Laenas era el nombre del emisario y cuando este se encontró con el monarca le dijo que debía dejar sus conquistas y volver a su país. Cuando el rey se negó el senador trazó un círculo entorno al monarca y le dijo algo parecido a: "cuando salgáis de este círculo podréis hacer dos cosas: conquistar Egipto y asumir las consecuencias cuando volvamos o volver a vuestro país y reinar tranquilamente en vuestro reino". Cuando el rey salió del círculo se dirigió a donde se encontraba su ejército y puso rumbo a su reino. Tal era el control que Roma ejercía sobre oriente y el Mediterráneo... Y Mitrídates no está dispuesto a que nadie le diga cuáles deben ser las fronteras de su reino. Inicia entonces una expansión territorial que le llevará a un conflicto con Roma.  Es un personaje a un mismo tiempo impresionante e impresionable (durante mucho tiempo teme a Roma gracias a unas conversaciones con Mario y Sila), además de pueblerino y feroz. Este fragmento deja entrever estos últimos rasgos:
"Por lo visto el joven rey del Ponto ha estado cortejando a Escauro con una serie de correctísimas cartas en un griego impecable y trufadas de citas de Homero, Hesíodo, Esquilo, Sófocles y Eurípides, y no digamos Menandro y Píndaro. Y Escauro
 ha llegado a la conclusión de que constituye un buen cambio respecto al sátrapa oriental, más predispuesto a leer los clásicos que a introducir una lanza en el orificio trasero de abuela. Cayo Mario, por el contrario, sostiene que ese Mitrídates VI -¡llamado, figúrate, eupator!- hizo que su madre pereciese de hambre, mató a su hermano, que era rey bajo la regencia de la madre, asesinó a varios tíos y a primos y para adornarlo envenenó a su hermana, ¡que a la vez era su esposa! Ya puedes imaginarte que es un individuo de lo más afable, ¡muy en la línea de los clasicos!"
   Hay más personajes (muchos más) y muy interesantes pero a través de estos tres suceden los hechos más importantes. Todos ellos son tratados con el buen hacer de esta escritora que no descuida ni un momento para dejar bien definidos y perfilados a los personajes. El resultado son personajes que llegamos a conocer muy bien. Si esto le añadimos una trama que sigue rigurosamente la historia y que tiene un buen estilo nos encontramos con una brillante obra. Aunque claro está que tiene sus defectos. Particularmente señalaría uno que me ha resultado molesto: su fascinación por Cayo Julio César. En cualquier momento en que aparece se lleva todo el protagonismo y no escatima elogios hacia él. Y, sinceramente, me parece un poco absurdo el tratamiento que hace aquí de él porque es imposible que un joven de 9 o 10 años pueda analizar la situación política con mayor perspicacia y claridad que gigantes como Mario y Sila. Si a eso le añadimos que el personaje de César tiene ciertos rasgos de megalómano resulta ligeramente insoportable... Me va costar encontrar más contras a este libro porque para mi es casi perfecto. Este libro es ideal para, al mismo tiempo, pasar un buen rato leyendo y aprender.

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